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"La canción del pulque" de Everardo González - Comentario de Everardo González

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"La canción del pulque" de Everardo González
Comentario de Francisco Rivas Castro
Comentario de Everardo González
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Palabras de Everardo González

 

Muchas gracias por haber venido a la proyección, para mí es muy interesante. Yo no vengo a hablar de tradición antropológica ni de un estudio antropológico, pues para mí es siempre muy emocionante y muy revelador escuchar los diferentes puntos de vista, como los del Doctor Rivas. Uno mismo no sabe a ciencia cierta qué es lo que está haciendo, sino hasta que lo termina, cuando lo ve la gente y le empieza a dar significado.

Con respecto a la estructura del documental, al momento de sentarnos en la mesa de edición (y aquí está conmigo el editor del documental, Manuel Figueroa, que no me dejará mentir), resultó muy complicado. Es un mundo tan inmenso el del pulque, y no sólo el de la pulquería, que había delimitar muy bien hacia dónde queríamos ir y de qué se va a hablar. Una de las cuestiones que buscamos tratar fue el alcoholismo, y la estructura del documental, más allá de todas esas observaciones que hizo el Doctor, está en función de los que es ser alcohólico, ser borracho de tiempo completo. Por eso, el documental tiene esa estructura: primero comienza de forma lúdica, empieza con el rollo de la fiesta, la música es una música festiva, es un momento del documental que busca explicar muchas cosas. Por eso, Siberio Xochitlatzin habla sobre el descubrimiento del pulque, de la magia de la planta. Poco a poco el documental va llegando al punto del borracho fanfarrón, donde la vida vale madres y todo mundo te la pela. Pero después va apareciendo ante nosotros la relación entre hombres y mujeres, se habla de las familias también, pero sobre todo habla de degradación y conflicto entre hombres y mujeres. Es violento porque la tipa habla de que la golpean, de que la han visto como un objeto sexual por el hecho de ser drogadicta. Pero no busqué juzgar; no era mi búsqueda hablar sobre la violencia que hay en un pueblo, en una ciudad con mucha miseria. Lo que pasa es que, creo yo, al estar tratado a la manera de una tragicomedia, pues finalmente todo lo que dicen ellos podría considerarse políticamente incorrecto.

Por otro lado, está la historia de Fortino, que es un viejo Tlachiquero que habla de un amor romántico; para mí es el más engañoso, el más mentiroso de todos. Esta secuencia está planteada justo para eso, para hablar de la violencia que hay entre hombres y mujeres en general, no únicamente en este sector, sino de cómo se viven en América Latina, o por lo menos en México, las relaciones amorosas, las relaciones dependientes. Y esto tiene mucho que ver con la música que está sonando en el documental, porque no es para nada fortuita la elección de ésta. La música es otra preocupación que yo tenía, porque efectivamente, cuando uno va a hablar del tema del pulque, algo muy importante es la pérdida de identidad; las pérdidas culturales y pérdidas de tradiciones, la pérdida de espacios y lugares de encuentro, la pérdida de la memoria, de la música. Ahí, por ejemplo, hay mucho que me hace recordar a mi familia, a mi abuela, a mis tíos, de manera que el documental finalmente habla mucho de lo que a mí me interesa.

Antes de que yo supiera que quería hacer este documental, pues la verdad es que yo era borracho; seis meses estuve con ellos todos los días emborrachándome, y también era parte de esa vida que había dentro de la pulquería. Hasta que un día decidí montar una cámara; recuerdo ese primer día, fue un 3 de mayo, iba el sonidista, que se puso mariguanísimo dentro de la pulquería, y otro camarógrafo que acabó perdidísimo en otra esquina, y yo estaba igual. No hicimos nada, entonces, a partir de ese momento dijimos: no podemos seguir así, dejamos de consumir ahí adentro y entonces nos dedicamos a filmar.

Yo, antes no tenía muchos referentes históricos. Tenía algunos y había leído cosas porque me comenzó a interesar el lugar; me interesó como refugio, como espacio donde la gente se encuentra con sus iguales, donde uno puede, efectivamente, picarse el culo y no hay quien te critique, mentarte la madre, ser políticamente incorrecto, decir que las mujeres son unas hijas de la chingada sin ser cuestionados, que las mujeres pueden decir que los hombres son unos hijos de puta y nadie las cuestione; eso es lo que es una pulquería también. Esos lugares son un pivote necesario, cuando además, la condición económica de los barrios es precaria y no hay otro lugar donde puedas ir a mentarle la madre a toda tu vida por lo que te ha tocado vivir. Para mí eso es la desaparición de la pulquería, la extinción del maguey, la extinción del pulque; mas allá de la carga religiosa, más allá de la carga antropológica que tiene, la pregunta fundamental del documental es: ¿qué pasará cuando este lugar se cierre?

Finalmente, esta es mi paga creativa porque el pulque es baratísimo. No hay realmente un lugar donde tú te puedas ver con tus iguales, si eres un barrendero, por ejemplo. Son lugares de encuentro con tus iguales; estos no van a sentarse a la calle Michoacán en la Condesa, a echarse un cafecito, que son los únicos lugares que siguen y siguen creciendo, creciendo y creciendo; y así como estos han ido creciendo de esa manera, se siguen sometiendo cada ves más y más, a la vez que se empieza a modificar nuestra propia interpretación de estos espacios que se acaban. Se están terminando, se han vuelto más correctos, y la verdad es que para estar allá, pues hay que aguantar, como dicen: “un piquete de culo sin enojarse”.

Pero esto también habla de una degradación social y de violencia. Efectivamente, es un lugar muy lúdico pero al mismo tiempo es un lugar muy violento, porque la carga emocional es violenta. Son situaciones de seres humanos al límite, gente que no tiene para vivir por más de seis meses, pues es la miseria, por eso es que es tan buena onda lo que hay dentro, por eso vale la pena que se hable de esto. En realidad, por eso decidí contar la película de esa manera. Se buscó que no fuera del todo trágica, sobre todo viniendo de la tradición melodramática en este país. Cuidamos que eso no sucediera, porque también del dolor se ríe uno, y eso también se buscaba en estas secuencias; que la gente hablara de cosas que son terribles, de las cuales nosotros nos vamos a reír, pero en una fracción de tiempo nos va a caer el veinte de lo que nos acabamos de reír. Como por ejemplo, el trapazo que le dan a la mujer, que ahí fue una discusión larga de si la dejábamos o no, si era muy feo poner que le aventaron el trapo a la tipa después de estar llorando. Pero decidimos dejar la escena justo por eso, porque siempre provoca en el espectador una carcajada, y cuando se da cuenta de lo que se acaba de reír, se genera una tensión. Finamente, uno hace películas para que la gente sienta cosas, uno busca más bien el drama de los personajes, porque ya hay muchos tratados que hablan sobre qué es el pulque.

Por un tiempo fui editor del Canal Once. Ahí había un grupo de operadores técnicos que cada jueves iban a La Pirata a comprar curados de tomate; y yo iba con ellos todos los jueves. Por otro lado, estaba en la escuela de cine cuando un profesor habló de hacer un ejercicio. Me había gustado tanto ese lugar, que empecé a hacer un corto de diez minutos para su clase. En el momento que yo llevé la cámara a la pulquería, ya tenía mucho tiempo de borracho con ellos. Además, empecé a llevar una cámara chiquita durante seis meses y ellos sabían bien lo que quería hacer. Así que cuando decidí que iba a hacer ese documental, no fue complicado que la gente se abriera conmigo y me contara todo; el estar borracho con ellos hizo que yo, una vez que agarré la cámara, fuera como parte del paisaje, uno de los personajes que estaban dentro. Las cosas que hablaba con el “Canta Recio”, por ejemplo, salieron de diálogos que tuve con él en algún momento. Nos llegamos a conocer mucho después de tanto tiempo, y eso hizo que nos volviéramos muy amigos. Si llevas una cámara a una fiesta con tus amigos, algunos se pondrán a actuar, siempre va a haber uno con ganas de hablar, que va a colaborar contigo en el proceso del documental.

En el proyecto original buscaba hacer muchas cosas. Quería hablar sobre la historia del pulque, desde la percepción de las garitas, del conflicto entre cervezas, vinos tintos, vinos rojos y el pulque mismo. Buscaba la aristocracia pulquera, quería hablar sobre las grandes haciendas de pulque, sobre la gran derrama económica que trajo no sólo a la gran región pulquera, sino a todo el país, sobre la propia bebida, quería hablar sobre el árbol de las maravillas y todo lo que se puede explotar de una penca de maguey. Pero conforme fui leyendo y buscando material, me di cuenta de que había muy poco que hablara sobre la vida de la gente. Encontré muy poco trabajos sobre ese tema; no existía casi nada que permitiera conocer quiénes son los que viven la pulquería. Mucho material que habla de cómo se llamaban las pulquerías, cómo estaban decoradas, cuál era la tradición prehispánica, cuál era el sentido del pulque, pero acerca de quiénes eran los que frecuentaban la pulquería había muy pocas cosas.

Si desapareciera la cultura y no hubiera familias que se vieran realmente afectadas por la pérdida de la memoria, cuando esto no está relacionado directamente con la emoción y el corazón de las personas, ¿qué más da que se acaben las tradiciones?; ¿qué más da que se acabe la música?; ¿qué más da que todo esto suceda? Finalmente, también me interesaba hablar y ver muchas cosas, entre otras cómo estaba conformada esta ciudad. Hasta 1957 o a lo mejor en 1961, ,esta era todavía una sociedad muy poco modernizada, era una sociedad en donde yo recuerdo que todavía había lecherías, había establos en Mixcoac y en Tlalpan, había toda una vida que no existe más. Yo no estoy muy viejo, pero recuerdo que me tocaba ir a nadar y recoger ajolotes en los Isidros, aquí en la Ciudad de México. Entonces, hasta hace muy poco la ciudad se volvió esta megalópolis moderna. Ahora tenemos grandes espacios lúdicos como la colonia Condesa y toda esta otra parte está cada vez más relegada. Si te echas una vuelta a Santa Fe, al pasar una curva viniendo de Toluca a México, ves todos los anuncios espectaculares que tapan abajo al antiguo Santa Fe, el de adeveras, para que nadie lo vea… eso mismo pasa con las pulquerías, son cada vez más ocultas, más relegadas a la nada, y esto es lo duro. Es cuando uno piensa: ¿qué va a pasar, qué nos va a pasar?

Me importaba hablar de la gente, quería hablar de ese espacio que desaparece pero sigue en las emociones de las personas. Y la mejor manera era hablar de los amigos, hablar del amor y el desamor, hablar de la música, hablar de esas cosas. No hubiera mostrado un espacio donde la gente era mi amiga, pues entonces, no hubiera tenido ningún efecto ni sentido que las cosas terminaran.

Así es la borrachera: primero hablar con pura fanfarronería de las grandes cosas que se han hecho en la vida, de los chingón que cantas, de lo chingón que eres. Mientras estás chupando, te das cuenta de que estás completamente fundido, y de que por eso mismo estás chupando. Entonces empiezas a quitarte las máscaras, una y otra y otra y otra, hasta que vas quedando en lo que en esencia eres. O sea, en eso mismo que soy yo y que estoy seguro que somos todos los que estamos aquí. El borracho, efectivamente, va a ser un fanfarrón. Pero después va a ser un hombre completamente frágil, solitario y todo lo demás que pueda cuasar una borrachera. Esa fue otra de las cosas que más me interesaban al momento de hacer este proyecto documental.



 

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